sábado, 3 de mayo de 2014

Madrugada


Y así en la madruga comienza a caer la luna,
y el frío arreciar, tras el lento pero seguro aumento
de mi deseo de tenerte, ese mismo que no me permite
imaginar perderte, aunque no te tenga, teniéndote,
sintiendo en el recuerdo esos besos, ¡vaya besos!
que me hacían feliz, besos de aquel amor que de niño
había soñado, pero no experimentado hasta aquel día,
besos de un amor efímero que se rehúsa pasar de largo
como un ave viajera, y desechar a la ligera, esta gran
ilusión.

Es un frío fuerte, pero más fuerte en esta situación,
cuando reposo en mi estancia con la cruel y complaciente
imaginación, que solo me permite abrazar a la esperanza,
con el anhelo sublime de en ti perderme, para encontrarme
así con esa inspiración que solo tú puedes provocar,
inspiración para encantarte y encantar a cualquier pena
que tus sueños quiera robar.

Vaya madrugada más fría, que aumenta esta agonía,
de mirar al lado en esta cama mía, y no verte,
¡qué frío! el que hace en éste mi terreno baldío,
que se alimenta de esta ilusión de tenerte, aunque no te tenga,
ilusión que es lo que un oasis al desierto, y la chispa para escribirte,
y conquistar tu esencia, en medio de la ausencia que a veces
nos acecha, como a mí en esta madrugada, preciosa mía.